El PSOE denuncia que el alcalde tortura a la ciudad con promesas imposibles y está dispuesto a mantenerla cuatro años más como «un hámster en la rueda» para seguir viviendo del cuento

El Grupo Municipal Socialista del Ayuntamiento de Valladolid considera que, tras la ruptura definitiva del convenio de 2017, la paralización indefinida de la integración ferroviaria y el bloqueo de la disolución ordenada de la Sociedad Valladolid Alta Velocidad (SVAV), Jesús Julio Carnero ha cruzado todas las líneas rojas que pueden tolerarse en un responsable público. La ciudad asiste atónita al empecinamiento de un alcalde que sólo tiene un perdedor: Valladolid.

En la reunión celebrada este lunes en la estación de Campo Grande con su actitud boicoteadora y mala fe, Carnero no solo alarga la agonía de un proyecto clave para coser la ciudad, sino que tortura a Valladolid manteniéndola atrapada en un conflicto que él mismo ha provocado y la condena a tener que pagar una deuda millonaria aún por cuantificar.

«No se trata de un episodio aislado. Desde su llegada a la Alcaldía, el señor Carnero ha convertido la integración ferroviaria en rehén de su campaña permanente a favor del cuento del soterramiento que los estudios encargados por el propio Ministerio y por Adif han demostrado inviable. Pese a conocer estos datos, el alcalde ha preferido vivir del cuento, prolongar una promesa imposible y hacer perder tiempo y dinero a la ciudad y a sus vecinos», explica el portavoz del Grupo Municipal Socialista, Pedro Herrero.

El boicot se ha concretado en decisiones muy claras. Primero fue el veto al paso del Arco de Ladrillo, después la negativa reiterada a ejecutar los pasos de Ariza, para los que Carnero llegó a inventarse un supuesto «caos circulatorio» que, sólo desde ayer tiene un informe técnico «provisional» que supuestamente lo respalda. Desde ayer sabemos que todo han sido excusas para seguir bloqueando las obras de permeabilidad, alargar el «cuento imposible» del soterramiento y acercar a la ciudad al precipicio en el que ya se encuentra: sin soterramiento y, por culpa del alcalde, también sin integración.

El último ejemplo de esta deriva irresponsable se produjo ayer, cuando el secretario de Estado de Transportes ofreció desbloquear inmediatamente los tres pasos de Ariza y seguir hablando después del resto de cuestiones, y Carnero respondió con un chantaje inaceptable: «Paraliza tú la estación de trenes y arrancamos Ariza». El alcalde ha llegado así al extremo de pedir que se congelen durante años unas obras estratégicas, valoradas en más de 200 millones de euros y llamadas a convertir la nueva estación de Campo Grande en la tercera estación de Alta Velocidad más importante de España, sólo para mantener vivo su relato. El Grupo Municipal Socialista considera que esta petición inhabilita a Carnero como alcalde al ser de una frivolidad impropia de quien ocupa la máxima representación de la ciudad.

Las consecuencias de este boicot son inminentes. La disolución de la SVAV, en los términos en los que la ha forzado Carnero, condena al Ayuntamiento a asumir una deuda millonaria aún por cuantificar y tira a la basura inversiones ya comprometidas en permeabilidad urbana, accesos y reurbanización financiadas mayoritariamente por otras administraciones. Valladolid corre el riesgo de tener que soportar una losa financiera que pagarán durante años la ciudadanía. «Ningún alcalde que diga querer a su ciudad puede presumir de semejante balance», advierte Herrero.

Frente a los llamamientos al «diálogo» que Carnero dirige al Ministerio, lo que conocemos en el Ayuntamiento es el bloqueo sistemático de cualquier espacio de diálogo y evaluación dentro de la propia ciudad. Hace apenas unas semanas, PP y Vox tumbaron en el Pleno la propuesta del Grupo Municipal Socialista para crear una Comisión Especial de Evaluación de la transformación ferroviaria de Valladolid, destinada precisamente a analizar con transparencia la situación de la red arterial ferroviaria, las alternativas y sus consecuencias financieras y urbanísticas. «El mismo alcalde que exige mesas, informes y reuniones a Madrid niega a la oposición y a la ciudadanía los instrumentos mínimos de control y participación», recuerda Herrero.

«Todo ello demuestra que Jesús Julio Carnero no tiene un proyecto para Valladolid. Ha quedado claro que no sabe qué hacer y que su única obsesión es seguir viviendo del cuento del soterramiento para no hacer nada, prolongando más un mandato en el que su única estrategia es mantener a la ciudad dando vueltas, como un hámster en la rueda, mientras las inversiones se esfuman y las oportunidades se pierden. Con su comportamiento, el alcalde evidencia que Valladolid le importa menos que su propio interés político», denuncia Herrero.

Para el Grupo Municipal Socialista, Carnero está sometiendo a Valladolid a una auténtica tortura política: la condena a vivir en un permanente déjà vu ferroviario, siempre atrapada en el mismo debate estéril, mientras los trenes de la modernización pasan de largo. La ciudad no necesita más ruido ni más gestos vacíos, sino certezas, inversiones ejecutadas y un rumbo claro que garantice la permeabilidad entre barrios y la igualdad de oportunidades para todos sus vecinos.

Por todo lo anterior, el Grupo Municipal Socialista considera que Jesús Julio Carnero ha quedado políticamente inhabilitado para seguir siendo alcalde de Valladolid. Su incapacidad para gestionar el presente, su empeño en boicotear la única solución viable para la integración ferroviaria y su decisión de condenar a la ciudad a la parálisis durante todo su mandato hacen incompatible su continuidad en el cargo. Valladolid merece un gobierno que piense en el interés general y no en el cálculo partidista.

Por todo ello, el Grupo Municipal Socialista exige la dimisión inmediata de Jesús Julio Carnero y le insta a dejar paso a un proyecto que devuelva a la ciudad la seriedad institucional, la lealtad con el resto de administraciones y la voluntad de dar una solución viable a la permeabilidad del ferrocarril a su paso por la ciudad. Cada día que el señor Carnero pasa en su despacho de la Alcaldía, aunque sea a media jornada, es un día perdido para Valladolid.